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      Padre Félix Varela y Morales

(1788-1853)

A  Cuban Catholic priest who loved his country and became an Apostle for Immigrants in New York
 

 

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Father FELIX VARELA y MORALES was born in Havana, Cuba, on November 20, 1788. After the death of his parents, he was taken by his grandfather to St. Augustine, Florida and there distinguished himself at school because of his intelligence and maturity. It was during these early years that he was called to the priesthood. At 23 years of age, he was ordained as a Catholic priest in Havana’s Cathedral. He soon gained the admiration and love of the Cuban people on account of his exemplary life, his concern for all, and his untiring dedication to learning and education. He won a professorship at the prestigious Seminary San Carlos in Havana and taught there for 10 years. His encyclopedic knowledge and fluency in at least six languages, allowed him to provide a broad and firm philosophical and scientific foundation to a group of students who would later on become renown thinkers and in whom he instilled love for God, for their homeland, and for the value of Faith and education. He also taught them how to think right and contributed notably to the advancement of science, languages, and philosophy in Cuba and in the Americas. In 1821, Father Varela was elected to represent Cuba in the Cortes, Spain’s parliament. During his service at the Cortes, he was a strong advocate for the causes of justice, human dignity, and for the freedom of black slaves.

In December 1823, with the reestablishment of royal absolutism in Spain by King Ferdinand, VII  he was forced to go into exile to New York where he proclaimed Cuba’s right to be an independent and sovereign nation. His prophetic speeches and writings awoke the civic conscience of the Cuban people. In New York, he was shown to be an exemplary priest, filled with zeal for the salvation of souls and the defense of the Church, and was named Vicar General in 1829. Father Varela exercised his ministry in New York for almost 30 years with noticeable self-sacrifice and heroism. He founded Transfiguration Church in Five Points (now Chinatown) as well as schools for children, established self-help programs for women, and protected and evangelized the poor.  He founded several newspapers, including in 1825 El Amigo de la Juventud  (The Youth's Friend.) which was probably the first bilingual periodical in New York. As a parish pastor, he earned the admiration and the respect of New York’s faithful. While vicar general of the New York Catholic diocese, he lent his primary pastoral attention to the thousands of Irish and Italian immigrants continually pouring into New York to escape poverty and hunger in their homeland. Living always as one of the poor, he devoted himself entirely to the service of God and of needy people. He became an Apostle for the Immigrants.

Moreover, Father Varela was a magnificent defender of the Catholic faith in the face of attacks from extremist religious leaders. Father Varela’s priestly ministry was graced with the power to illuminate the intellect and the moral conscience of people and draw souls to God. Those who knew him considered him a saint. The last three years of his life were spent in St. Augustine and were marked by sickness, isolation, and poverty, all of which he endured without complaint. Rather, he overcame the disappointments and sufferings through love and the practice of interior peace. His spiritual strength was based on his prayer and his intense love for the Eucharist. Father Varela handed his soul over to God on February 18,1853, in Saint Augustine, Florida. His remains lie in the University of Havana, Cuba. In 1985 the Holy See authorized the Cuban episcopate to initiate the canonical process of sainthood for the Servant of God, Father FELIX VARELA y MORALES. On June 2003, the Positio Document from the Vatican, highlighting his many virtues and achievements, was completed and presented to the Congregation for review of Canonization processes before being submitted to the Holy Father John Paul II. Let us continue to pray!!!

 

Perfil Humano del Padre Félix Varela y Morales

 Trascripción de la Conferencia dictada en el Seminario/Catedral de La Inmaculada Concepción, Brooklyn, NY, 24 de agosto de 2006

 Publicado en la Revista IDEAL (Nos. 348, 349, 350)  Año 2007

 Juan M. Navia Ph.D. M.A. Teo

 

Introducción.

Estamos reunidos hoy para continuar celebrando y regocijándonos por la bendición de tener tres nuevos pastores episcopales que se suman servicio de Dios y que en su nombre servirán a la comunidad en Brooklyn, NY. Y lo hacemos recordando con amor aquel gran sacerdote y patriota, el Padre Félix Varela, quien sirvió con tanta caridad y abnegación a las comunidades de inmigrantes católicos que vinieron (y siguen viniendo) a esta ciudad en busca de libertad, bienestar, y oportunidades de futuro que no tenían en sus lugares de origen.

Muchos estudiosos e historiadores nos han descrito su gran intelecto y sus enseñanzas sobre como pensar correc­tamente. Sabemos de su amor por Cuba y su dedicación a la educación de la juventud cubana. Tenemos evidencia histórica de su fe extraordinaria y su dedicación sacerdotal al servicio de todos aquellos que, teniendo dignidad humana, se les había negado la libertad y el ejercicio de sus derechos. Conocemos su nombre, pero en realidad, ¿qué sabemos del progreso espiritual y de su vida interior, especialmente durante sus treinta años en el exilio? El conocerlo íntimamente nos dará un modelo para nuestras vidas, una pauta viva de como servir como él a los que nos rodean y contribuir a un futuro mejor para todos.

Mi propósito en este día no es hacer un recuento biográfico que, por lo mucho publicado sobre el Padre Varela, sería obra incompleta en el tiempo de que disponemos hoy. Tomando como base sus palabras y hechos, vamos a examinar algunos aspectos destacados de sus experiencias. Así encontraremos su mensaje para extraer de ellos una mayor compresión de esta personalidad histórica y de la motivación interna que le dio vida a su pensamiento y a sus acciones. Vamos a identificar tres etapas principales en su vida:

1.     La fase inicial de formación y sus actividades académicas en Cuba,

2.     La etapa de transición en España sirviendo en las Cortes,

3.     Los años que pasó en el exilio en Nueva York y San Agustín.

Al hacer esto, lo conoceremos más a fondo y podremos obtener una visión clara de los principios y temas principales que distinguen la espiritualidad de este gran maestro, y esto nos permitirá incorporar sus enseñanzas a nuestra realidad actual.

Podría tal vez comenzar diciendo… "había una vez un cubano que nació español, vivió como americano, y murió como un santo." La historia de los pueblos nos enseña que en todos los tiempos difíciles y en épocas de crisis han surgido hombres y mujeres que han dado inspiración y guía a  sus congéneres para ayudarles a arrastrar obstáculos y vencer dificultades en tales momentos. Sus vidas y las palabras y enseñanzas, formuladas en el pasado, constituyen un precioso legado que continua orientando hoy a las generaciones presentes y futuras. El escucharlos y seguirlos no solo es la forma de estimarlos y honrarlos, sino también el modo de no repetir en el futuro lo que fue error en el pasado.

El Padre Félix Varela y Morales fue uno de estos hombres extraordinarios. Hagamos primero un recuento rápido de las tres diferentes etapas en su vida que hemos mencionado, para después detenernos examinar más a fondo aquellos aspectos más importantes que contribuyeron a su carácter y espiritualidad.

I. La fase inicial de formación.

Nos dicen que nació en la Habana hace 218 años, un 20 de noviembre en 1788, pero en realidad fue siete días más tarde. En la iglesia del Santo Angel Custodio, construida sobre la "Peña Pobre," que Félix Francisco José Maria de la Concepción realmente renacería por el bautismo a la vida espiritual, dotado de su nueva naturaleza de sacerdote, profeta y servidor de Cristo. Allí, en la iglesia del Angel, donde también sería bautizado José Martí, un 12 de febrero de 1853 (el mismo día que murió Varela), quedó sellada la vocación interior de Varela como cristiano, maestro, pastor de almas, y patriota que tanto abría de contribuir a cuantos lo necesitaran. En Cuba, donde pasó la primera mitad de su vida, fue hombre público, predi­cador distinguido, maestro y mentor de jóvenes cubanos que habrían de seguir sus pasos. Estableció las bases del pensamiento razonado y de los principios cívico-sociales que darían lugar a las legítimas aspiraciones de los cubanos a un gobierno constitucional, y eventualmente, años más tarde, a la separación de la "siempre leal Isla de Cuba" de la metrópoli española para surgir como nación libre e independiente.

Al entrar en el Seminario de San Carlos, el joven Varela recibió en todo momento el apoyo del Obispo Espada quién desde un principio reconoció sus grandes dotes intelectuales y su dedicación religiosa. Varela fue ordenado como sacerdote en 1811 y ese mismo año fue asignado a la cátedra de Filosofía, comenzando su vida académica cuando solo tenía 23 años. Sus años como profesor fueron posiblemente los más felices de su vida, impulsado por su amor al estudio, y la satisfacción de enseñar a los jóvenes cubanos.  El obispo Espada recibió  el 14 de septiembre de 1820 el encargo de la Real Sociedad Patriótica de establecer una cátedra de Constitución, y reconociendo la capacidad académica e intelectual del Padre Varela lo instó a que se presentara al concurso de oposición. La Cátedra fue asignada al Padre Varela quien inició el curso el 18 de enero de 1821. Ciento noventa y tres estudiantes españoles asistieron a la primera clase entusiasmados para escuchar la palabra elocuente del nuevo profesor Varela que no se impone con la autoridad académica, sino que estimula a sus nuevos alumnos apelando a su racionalidad:

"Si al empezar mis lecciones en esta nueva cátedra de Constitución pretendiera manifestar la dignidad del objeto exigiendo vuestros esfuerzos y empeños en su estudio, haría sin duda un agravio a las luces , y una injuria al patriotismo; pues hablando a españoles del siglo XIX debe suponerse que no solo aman su patria, su libertad y sus derechos, sino que por instinto, frutos de los tiempos, saben distinguir estos bienes, y que un código político que los representa con tanta armonía y fijeza merecería siempre su consideración y aprecio."

Y continúa definiendo el curso diciendo:

".. .Yo llamaría a esta cátedra, la cátedra de la libertad, de los derechos del hombre, de las garantías nacionales, de la regeneración de la ilustre España, la fuente de las virtudes cívicas, la base del gran edificio de nuestra felicidad, la que por primera vez ha conciliado entre nosotros las leyes con la Filosofía, que es decir, las ha hecho leyes; la que contiene al fanático y déspota, estableciendo y conservando la Religión Santa y el sabio Gobierno; la que se opone a los atentados de las naciones extranjeras, presentando al pueblo español no como una tribu de salvajes con visor de civilización, sino como es en sí, generoso, magnánimo, justo e ilustrado."

Desde esa posición como catedrático en materias constitucionales fue lógico que en el momento que se iban a elegir diputados para participar en Las Cortes en España, se pensara en el Padre Varela como el más idóneo y capacitado para esta responsabilidad de gran importancia para Cuba.

El 18 de abril de 1821 el Padre Varela sin saber que sería la última vez que vería a su amada Cuba, se despide de los cubanos en una carta pública a sus compatriotas donde incluye estas palabras que expresan sus sentimientos patrióticos y sus inquietudes en esos momentos:

"El amor de la patria es una de las principales obligaciones de los españoles (art. 6 de la Constitución política). Mi corazón juró este artículo antes que mis labios, escrito estaba en el gran libro de la naturaleza, y el género humano me lo había enseñado desde el momento en que puesto entre el número de los seres, oí sus voces. No hay sacrificio: honor, placer, es todo cuanto se renuncia en obsequio de la patria. Hijo de la ilustre Habana, educado en ella degeneraría de los sentimientos del más constante  y  más generoso de los pueblos, si el temor a los peligros pudiera arrebatarme. Ya sea que el árbitro de los destinos, separándome de los mortales, me prepara una mansión funesta en las inmensas olas, ya los tiranos para oprimir la España ejerzan todo su poder contra el augusto congreso en que os habéis dignado colocarme, nada importa: un hijo de la libertad, un alma americana, desconoce el miedo. Mis conciudadanos, haciéndome el mayor de los honores, me habéis impuesto la más grave de las obligaciones. Ya no seré feliz si no la desempeño. Entre tanto recibid mis votos."

Palabras proféticas, pues la historia nos cuenta como este sacerdote y sus compañeros de viaje partieron de la Habana el 28 de abril en la fragata Purísima Concepción y llegaron a Cádiz seis semanas más tarde. El diario de la travesía nos lo trasmite José Ignacio Rodriguez en su Vida del Presbítero Don Félix Varela, donde nos relata las vicisitudes de los pasajeros con los vaivenes del buque, el buen humor del Padre y sus habilidades como músico, animando las largas horas de travesía con su violín y sus décimas,.... al menos cuando el mareo no lo afectaba y lo llenaba de "congoja."

Debido a que la elección del Padre fue impugnada en la Habana y fue necesario ir a una nueva elección, su actuación oficial como miembro debidamente reconocido en las Cortes se demoró hasta octubre de 1822. Varela utilizó este tiempo para "estudiar al pueblo y para ponerse en relación con sus hombres notables." Fue entonces cuando reimprimió su "Miscelánea Filosófica" en Madrid. Durante el año 1823 participó con gran energía, prudencia, y sentido de justicia en los trabajos parlamentarios en Las Cortes, y preparó tres ponencias:

1.     E1 Proyecto de Ultramar o Proyecto de Autonomía con 189 artículos presentado a fines de diciembre de 1822 donde se consideraba en gran detalle el gobierno y la autonomía de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, que eran el remanente de las provincias de ultramar.

2.     E1 Dictamen sobre el reconocimiento de la independencia de los territorios de Ibero América que ya habían alcanzado su independencia y que ahora él sugeriría con un sentimiento verdaderamente americano una nueva comunidad de naciones estructuradas y relacionadas entre si y con España basada en su historia común, su cultura. y su economía.

3.     Un Proyecto de Decreto sobre la abolición de la Esclavitud en la Isla de Cuba incluyendo sugerencias para la protección de la economía y la seguridad de la población blanca.

El Padre Varela combatió a los legisladores "afrancesados" y se volcó en cuerpo y alma en la defensa de estas propuestas, pero el Dictamen fue impugnado por la gran mayoría de los miembros de las Cortes, que no tuvieron la visión del Padre Varela. Y la Memoria proponiendo la abolición de la esclavitud no pudo ser presentada a tiempo debido a la invasión de las tropas francesas para apoyar al rey Fernando VII y la imposición del gobierno absolutista, que lo forzó a escapar de Cádiz a Gibraltar y de ahí partió en el buque Draper rumbo a Nueva York, en la tierra de la libertad, conjuntamente con Tomas Gener y Leonardo Santos Suárez.

El Padre Jesuita Manuel Pablo Maza Miquel en su libro "Por la Vida y el Honor" nos ha descrito con gran esmero los dos años que el Padre Varela paso en España (1822-23) sirviendo en Las Cortes españolas como diputado electo de la Habana. Estos años fueron su época de transición que terminó con la traición de Fernando VII y la imposición de nuevo en España de un gobierno monárquico, absolutista, e incompatible con las enseñanzas e ideales liberales y constitucionales del Padre Varela para Cuba.

La tercera fase fueron los años (1823-1853) que llevó a cabo exiliado en los Estados Unidos. Aquí contribuyó al mantenimiento y crecimiento de la iglesia Católica en Nueva York, donde sirvió como pastor y vicario general de la diócesis. Durante esta época, creció su "hombre interior" estimulado por el sufrimiento, y el impacto de su dedicación pastoral absoluta e incansable a los miles de inmigrantes europeos, particularmente irlandeses e italianos, que llegaban a Nueva York en esos días.

Esta evolución interior del padre Varela tuvo lugar durante esos años fuera de Cuba, pero en ningún momento olvidó a su Patria querida y las ansias de libertad y bienestar que deseaba para sus compatriotas.

Aún una década más tarde, en el año 1832, escribirá a los redactores de la Revista Bimestre Cubana una carta sometiendo un artículo sobre la Gramática de Salvá en donde refleja sus sentimientos interiores de nostalgia y sus añoranzas por Cuba y su inquietud por la inercia que a veces lo acosaba:

"Si, amigos míos; yo velo cuando todos duermen y trabajo cuando todos reposan. Yo gozo de la vida cuando todos dejan de gozarla y solo me veo libre cuando la sociedad importuna yace encadenada. Todo está tranquilo y puedo ya escribir; pero mi ánimo nada encuentra que lo excite. En esos silenciosos momentos (pues son las doce de la noche) al través de la tinieblas que cubren la helada naturaleza, mi activa imaginación solo me presenta esqueletos vegetales, aguas empedernidas, animales casi yertos, montes de nieve y llanuras desoladas... Pero ya un grato recuerdo me saca de esta región de inercia, y me trasborda al vergel de las Antillas, donde todo esta animado. Veo aquellos árboles frondosos, aquellos inquietos arroyuelos, aquellos copados montes, y aquellas floridas llanuras, que tantas veces recordaría y tan pocas contemplaba. ¡Cuan cierto es que la belleza debe ser esquiva, y que la sal de los placeres es su carestía! Estas delicias de mi imaginación se aumentan por el contraste que con ellas forma la vista del pequeño aposento donde escribo, a beneficio de una buena chimenea, que no dista de mí una vara, y aun estoy más próximo al lecho, cubierto con mantas pesadísimas."

Así pasa los años del exilio duro y frío hasta que cansado físicamente, vencido por su mala salud, pero exaltado espiritualmente por su profunda fe cristiana y su fiel amor a Cuba, se retira a San Agustín en la Florida, donde había comenzado su niñez en busca de un clima más benigno.

Allí se cierra el círculo de su vida en febrero de 1853, cumpliendo cabalmente las palabras proféticas que anunciara con anterioridad en sus cartas a Elpidio.

“La naturaleza en sus imprescindibles leyes, me anuncian la decadencia, y el Dios de bondad me advierte que ya viene llegando el término del préstamo que me hizo la vida. Yo me arrojo en los brazos de su clemencia, sin otros meritos que los de su Hijo, y guiado por la antorcha de la fe camino al sepulcro en cuyo borde espero, con la gracia divina, hacer con el último suspiro, una protestación de mi firme creencia y un voto fervoroso por la prosperidad de mi patria."

Y así fue. El Padre Sheridan en su carta del 26 de febrero de 1853 al Arzobispo Hughes en Nueva York relata que Varela murió con su gran fe cristiana en el corazón y con Cuba en su pensamiento.

Cuando el Reverendo Padre Aubril estaba a punto de darle el viático, el Padre Varela lo interrumpió, para decir estas palabras: “Debo de cumplir una promesa, que hice mucho tiempo antes de ahora. Tengo que hacer en este momento, en el momento de mi muerte, como lo he hecho durante mi vida, una profesión solemne de mi fe en la presencia real de Jesucristo en la Sagrada Eucaristía," y mirando fijamente hacia la hostia levantada, exclamó: “Creo firmemente que esta hostia, que Ud. tiene en sus manos, es el cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo bajo la apariencia de pan." E1 Padre Varela permaneció en su entero juicio hasta el último momento, y rindió su alma sin ningún esfuerzo. Eran las ocho y media de la noche del 18 de febrero de 1853.

¿Quien era el Padre Varela? ¿Que mensaje y lección nos dejó su vida? ¿Que principios y convicciones motivaron sus acciones? Meditemos estas interrogantes para entender el valioso legado que nos dejó con su vida ejemplar.

II. Los años de formación intelectual, religiosa y política: el hombre público.

Habiendo hecho una revisión de su vida a grandes trazos vamos ahora a examinar su fase primera de formación intelectual, religiosa y política. Tratemos de profundizar en el interior de Varela para entender que sucedía durante esta etapa de su vida y cual fue el impacto que tuvo en la formación de su carácter y su desarrollo espiritual. Los biógrafos y estudiosos de la vida del Padre Varela han tratado de explicar o sintetizar su personalidad histórica destacando alguna de las distintas facetas de su vida llena y fructífera. Lo han descrito como Varela el patriota y reformador constitucional, y también como líder político, filósofo y científico, maestro, escritor, educador, pastor de almas, apologista de la religión y otros aspectos de su incesante quehacer. Algunos han tratado de hacer un retrato del Padre Varela, cuando en realidad es necesario mirar su vida en movimiento, o sea casi cinematográficamente. Debemos considerar que estas distintas manifestaciones de su personalidad son aspectos notables que se suceden en distintas épocas de la vida del mismo hombre. Sus primeros 33 años de vida fueron tiempo de estudio y de formación académica y religiosa. Se dice que "todos los grandes hombres cabalgan en los hombros de gigantes" y así fue con él, pues supo asimilar las sabias enseñanzas de los que fueron sus maestros y mentores. Hizo sus primeros estudios en San Agustín en la Florida a donde había ido a una temprana edad con su abuelo Don Bartolomé Morales después de la muerte de sus padres en Cuba. Esta época escolar fue decisiva en su desarrollo espiritual y educativo por la presencia de quien fue su primer maestro, el Padre Michael O'Reilly, sacerdote irlandés graduado del Real Colegio de Nobles Irlandeses en Salamanca, capellán militar, y amigo de su abuelo. Del padre O'Reilly, el joven Varela recibió no solo las disciplinas básicas, incluyendo latín y música, sino también la formación religiosa que iba a catalizar, a una tempra­na edad, su decisión de ser un sacerdote de Cristo. Para cumplir su vocación regresó a Cuba en 1801 y con solo trece años entró en el Seminario San Carlos, el bien llamado Real y Conciliar Colegio de San Carlos y San Ambrosio en la Habana. Allá encontró maestros extraordinarios como José Agustín Caballero y Juan Bernardo O'Gavan, y un obispo de mentalidad liberal y pensamiento avanzado, como fue Juan José Díaz de Espada y Fernández de Landa, quien pronto reconoció el potencial del joven Varela y lo estimuló y apoyó en todo momento. Como hemos apuntado con anterioridad sus éxitos como profesor fueron avalados no solo por sus publicaciones en el campo de la filosofía y sus contribuciones a la enseñanza de esta materia introduciendo pioneramente cursos de fisiología, física y otras ciencias naturales, sino también por la estatura académica de sus alumnos como Don José Antonio Saco y Don José de la Luz y Caballero, quien en carta escrita en abril de 1840 dijo refiriéndose a Varela que “mientras se piense en la Isla de Cuba, se pensará en quien nos enseñó primero a pensar.” y muchos más como Don Juan Manuel Valerino, Don José Maria Casal, Don Nicolás Manuel de Escobedo, Don Domingo del Monte son testigos vivientes y prueba irrefutable de la calidad académica y humana de este gran maestro que fue amado. . . y desgraciadamente, también olvidado como veremos más tarde.

¿Que valores y principios básicos le permitieron al Padre Varela sobresalir en su primera época de formación? Cinco aspectos surgen como significativos:

1.     Primero que nada, su fe cristiana profunda e inquebrantable demostrada en cada acto de su vida;

2.     Segundo, su amor a la patria y a los jóvenes, de quienes más tarde le dirá a Elpidio que "son la dulce esperanza de la patria" y añadiendo también "que no hay patria sin virtud, ni virtud con impiedad."

3.     Tercero, su absoluta convicción de que cada individuo posee una dignidad humana dada por el Creador (somos hermanos de Cristo y por tanto hijos de Dios).

4.     Cuarto, el reconocimiento de la responsabilidad que tiene todo ser humano a educarse y a pensar y actuar racionalmente, lógicamente.

5.     Finalmente, el derecho inalienable que tiene todo ser humano a ser libre.

Estas convicciones lo llevarían a luchar por un gobierno justo en Cuba y en España, y a oponerse a la esclavitud de los negros africanos, ya que  al igual que su mentor, el Padre Agustín Caballero, consideraba la institución de la esclavitud "nuestra lepra social." El Padre Varela trabajó incansablemente para proporcionar a los jóvenes, simiente futura de todas las naciones, una educación avanzada donde se pen­sara correctamente y se obtuvieran conocimientos a través de la experiencia y la investigación, y no basados en una autoridad académica. Yo considero que en estos principios se basa la gran revolución de su mensaje filosófico y patriótico de aquellos días pero que siguen teniendo vigencia en el día de hoy.

Sin embargo, aun faltaba otra factor transformante: el impacto de salir de su patria, que iría a completar, no los hechos del hombre público ---que como hemos indicado anteriormente eran de por sí importantes y destacados---sino la definición del hombre interior que lo llevaría, a través del sufrimiento y la introspección, al nivel de figura sacerdotal, profética e imperecedera para todos los americanos.

El "arbitro de los destinos" no separó al Padre de los mortales en el año 1823 cuando él salió de la España encadenada por la tiranía de la monarquía absolutista, sino que lo envió a la tortura del alma y el desgarramiento del corazón que es el EXILIO. Los pensamientos y sentimientos del Padre Varela en el barco Draper que lo llevaba al puerto de Nueva York (a diferencia a los que tuvo, tres años antes, en el buque la Purísima Concepción rumbo a Cádiz) tienen que haber sido bien diversos y contradictorios: haber podido escapar de una muerte segura; el sentimiento de tristeza al no haber podido obtener para España, sus provincias y colonias un gobierno constitucional y representativo; su frustración al no poder presentar en las Cortes su ponencia sobre la libertad de los esclavos; el estar lejos de Cuba, de sus amigos y sus alumnos; la incertidumbre de su futuro en tierra fría, en medio de una cultura eminentemente protestante y rodeado de un idioma que desconocía y cuyo sonido, como escribiría aun años después: "los silbos ingleses le sonaban en los oídos como moscas impertinentes.”

Todo esto pesaba sobre su alma. Iba camino al exilio purificador que destruye lo innecesario y efímero en nuestra vida externa, pero caldea la voluntad y purifica el alma humana, formando así al "individuo interno" que llevamos a veces dormido y que solo emerge cuando los sufrimientos y trabajos arrecian duro en nuestras vidas. El hombre público, el profesor estimado y adulado por sus alumnos, el académico distinguido pasan a segundo plano, y surge el hombre interior recio: el pastor que se entrega sirviendo a las almas necesitadas, el incansable defensor de la fe, y el exilado que sufre la ausencia de su patria anticipándole así a dar ejemplo a miles y miles de familias cubanas que muchos años más tarde tendríamos esa misma experiencia.

Somos siempre el mismo ser humano en nuestro interior, pero con los años y nuestras circunstancias vamos cambiando y peregrinando por este mundo en busca de nuestro destino. Desconocemos en realidad, que frecuentemente el rumbo de nuestra barca hacia la verdad está a veces más determinado por el viento en nuestras velas, que por el timón en nuestras manos.

III. Los Años del Padre Varela en Nueva York: Crisol de su Espiritualidad.

A medida que añadimos años a nuestra existencia, vamos entendiendo que nuestra vida esta hecha de jornadas de camino donde vamos añadiendo y soltando equipaje, pero durante todo el trayecto es el mismo individuo básicamente el que realiza el viaje. Si fuéramos a definir a Varela considerando los hechos en distintas etapas de su vida, ¿a quien escogemos: Al estudiante, al profesor, al político, al autor, o al filósofo? Todas estas son etapas de su desarrollo académico, pero no definen al individuo y no dan idea del valor humano de quien pasa por diferentes facetas o etapas de la vida. Al Padre Varela hay que considerarlo dentro de su ambiente y en su totalidad para apreciar lo que hizo, lo que dijo y lo que fue. Su época de formación y docencia en la Habana y los años sirviendo como diputado en España no representan necesariamente la época más significativa---aun reconociendo plenamente el gran valor histórico, pedagógico, y político de estas dos etapas---pues la experiencia en Nueva York del Padre Varela iba a catalizar un cambio fundamental en su camino de vida.

El nuevo trabajo pastoral en los barrios llenos de inmigrantes desesperadamente pobres como el "Five Point" del Nueva York de los 1800s fue un gran reto. Anbinder en su libro reporta sobre la visita de Charles Dickens a este barrio en 1841 y así fue como lo describió:

"Pobreza, miseria y vicio se encuentran por dondequiera que vamos. En este lugar convergen caminos que van hacia la derecha o la izquierda, despidiendo la calle un hedor de basura e inmundicia. La corrupción ha hecho que las casas luzcan más viejas de lo que son. Vimos como las vigas podridas se han desplomado y como las ventanas remendadas y rotas parecen mirar ceñudamente como ojos golpeados en una riña de borrachos. Muchos puercos (deambulan por las calles en busca de comida) viven alli, ¿por casualidad se preguntarán por qué sus amos caminan erguidos en vez de en cuatro patas? Y ¿por qué hablan en vez de emitir gruñidos?. . .Aquí también se ven veredas angostas y callejones pavimentados con fango que llega hasta la rodilla. . .todo aquí es despreciable, destruido y lleno de corrupción."

Todo esto fue muy duro para el Padre Varela y una verdadera prueba de su solidez espiritual, y de su carácter, como también una pesada carga para su condición física. Lo privó de sus alumnos y lo separó del Colegio San Carlos donde la pluma costumbrista de Cirilo Villaverde nos describe los rincones tranquilos que Varela añoraba.

"El gran patio lo constituían cuatro corredores anchos de columnas de piedra, formando un cuadrado. En el centro había una fuente y por todo el derredor naranjos lozanos y frondosos. En el lado opuesto a la entrada principal, a la izquierda, había una escalera de piedra, que conducía a los claustros de los profesores; a la derecha, una reja que separaba el corredor de un callejón oscuro y húmedo, por el cual se pene­traba en un salón lateral, largo y sucio, separado de las aguas del puerto por un jardín o huerto de tapias elevadas. Hacia allá daban unas cuatro ventanillas altas por donde entraba la única luz que a medias alumbraba el salón. Contra la pared de enfrente, en el centro, se apoyaba una mala cátedra y a ambos lados de ella había muchos bancos de madera, rudos, fuertes y de elevados respaldos, colocados transversalmente.”

El exilio también le quitó su vida académica protegida, rodeado de amigos y compañeros de estudio, y lo que fue aún más duro, lo arrancó de su bella Isla, cálida y fértil, para plantarlo en el medio urbano de un país frio donde con serias limitaciones en el idioma tendría que luchar contra la hostilidad religiosa de la cultura prevalente durante esos años. Félix Varela en Nueva York era el mismo de siempre, pero en estas circunstancias del exilio tuvo que crecerse con la ayuda de su inmensa fe a alturas de gigante para poder responder al reto que se le imponía.

Billington nos describe como la Iglesia Católica en los Estados Unidos, particularmente en Nueva York y Filadelfia en la primera mitad del Siglo XIX, fue objeto de grandes presiones y ataques de la mayoría protestante que resentía la presencia de numerosos inmigrantes (principalmente irlandeses, italianos y alemanes) con bajo nivel de educaci6n y sin medios económicos. El ambiente social era tenso:

1.)  Había una variedad grande de grupos étnicos y religiosos. La compra de Luisiana en 1803 dobló el territorio de la nación (828,00 millas cuadradas) pero también añadió un gran número de católicos franceses. Distintas denominaciones Protestantes comenzaron a surgir como los Shakers inspirados por la Madre Ana Lee y sus visiones de Dios; Barton Stone en 1830 establece los "Discípulos de Cristo", Joseph Smith en 1830 encuentra el libro de Moroni de los Mormones; y en respuesta a todo esto Benjamín Franklin y Thomas Jefferson impulsan la idea de una "Religión Pública" para desplazar al Cristianismo y unificar a los ciudadanos bajo una sola religión. También había Unitarios, Presbiterianos, Metodistas y Bautistas.

2.)  No solo había el choque cultural y religioso, sino también existía en esos días una gran preocupación por la influencia ideológica de Roma y del Papa en la política americana y las ideas del momento, actitud que seguiría predominando en el país por muchas décadas. Esta ideología europea era temida y figuras destacadas como Lyman Beecher y Samuel F.B. Morse, que fueron ejemplos de anti-católicos, las consideraban una amenaza seria a los principios de libertad y democracia que los protestantes consideraban parte integral de la república norteamericana.

Esta polarización político-religiosa dio lugar a múltiples ataques de todo tipo bien en los periódicos o en debates públicos, y se tradujeron en saqueos e incendios de iglesias y conventos. En agosto de 1834 en Charlestown, cerca de Boston, el convento de la orden de las Ursulinas fue saqueado y quemado por un populacho enfurecido por las mentiras que se propagaban en contra de los católicos. También hubo la publicación y distribución de libelos calumniosos de baja clase que fueron publicados con la idea de desacreditar a la Iglesia Católica y a los llamados "romanistas". En 1835 se publica una monografía firmada por Rebecca Reed con el titulo "Seis Meses en un Convento" describiendo horrores de perversión y otra salió publicada al año siguiente firmada por Maria Monk con el titulo:"Terribles Revelaciones sobre el Hotel Dieu en un Convento en Montreal."

 

La situación que rodeaba a los obispos católicos era muy difícil pues el número de feligreses pobres y necesitados aumentaba por día, y el número de sacerdotes era extremadamente limitado. La educación de los niños católicos estaba controlada por organizaciones protestantes que recibían apoyo oficial de la Sociedad para Escuelas pero que utilizaban Biblias Protestantes y textos que ofendían a los católicos lo cual era inaceptable para la comunidad católica que terminaba por prohibir a los niños asistir a clases en estos centros.

Otro gran problema de la Iglesia Católica por estos años era la estructura administrativa de las iglesias parroquiales que eran administradas por juntas de laicos, quienes frecuentemente tenían ideas muy diferentes de las del párroco en cuanto a su manejo y orientación. Los tiempos eran bien difíciles cuando nuestro Padre Varela llegó a la ciudad de Nueva York un nevado miércoles, 17 de diciembre de 1823.

¿Que aspecto tenia el Padre Varela? Su fiel biógrafo, José Ignacio Rodríguez, nos da la descripción del aspecto físico del Padre Varela a través de los ojos de uno de sus discípulos, Juan Manuel Valerino, diciendo que era un hombre:

"de estatura mediana, delgado, de color trigueno, lampiño, frente muy ancha y sumamente miope. Su semblante se mos­traba siempre risueño dejando ver un interior el más amable;...Todos lo amaban cordialmente".

Si bien su semblante exterior era sereno y agradable, y su apariencia humilde y bondadosa, su temple interior era de acero y su disciplina de vida era rigurosa y de admirar. Es interesante notar la propia .apreciación de su disposición de carácter en el prólogo de las “Cartas a Elpidio” donde dice:

"No creo haber ofendido a ninguna persona determinada, pero no ha sido posible prescindir de dar algunos palos a ciertas clases. Quisiera que hubieran sido flojos; pero estoy hecho a dar de recio y se me va la mano."

Más adelante con fino humor cubano añade:

"Preveo que este avechucho pueda acarrearme algunos enemigos, pero ya es familia a cuyo trato me he habituado, pues hace tiempo que estoy como el yunque, siempre bajo el martillo."

 

Durante los años del exilio el Padre Varela luchó por la Iglesia Católica que tanto amaba, defendiéndola públicamente, y fundando Iglesias, escuelas y comunidades. Escribió sin tregua para enseñar y guiar a los cubanos aun estando lejos de ellos. Trabajó incansablemente por lo pobres y los necesitados de ayuda espiritual y recibió lo que él definió como “el inestimable tesoro del desengaño"

 

También fue víctima del olvido. Y supo aceptar las limitaciones que su mala salud y los años le depararon. Leamos la triste carta de Lorenzo de Alio desde St. Augustine al Padre Ruiz en la Habana el 5 de diciembre de 1853:

"Señor Presbítero Don Francisco Ruiz:

"Mi respetable amigo y Señor: Hoy he llegado a esta ciudad y unos de mis primeros deseos fue visitar a nuestro amigo y virtuoso maestro el Señor Varela. Como a las 10 de la mañana me dirigí a la iglesia de San Agustín. Se comenzaba una misa cantada y calculé que el trabajaría; pero no fue así. Concluida la misa me dirigí hacia el patio de la iglesia, donde hallé una negra, quien me guió a la morada de nuestro maestro. A los pocos pasos hallé un cuarto pequeño, de madera, del tamaño o algo mayor que las celdas de los colegiales. En esa celda no  había más que una mesa con mantel, una chimenea, dos sillas de madera y un sofá ordinario con asiento de colchón. No vi cama, libros, mapas, avios de escribir, nada. Solo había en las paredes dos cuadros de santos y una mala campanilla sobre la tabla de la chimenea. Sobre el sofá estaba echado un hombre; viejo, flaco, venerable, y la mirada mística y anunciadora de ciencia: ese hombre era el Padre Varela. Le dije quien yo era le pedí a besar su mano. Por el pronto no me conoció; pero luego me recordó perfectamente. Me preguntó por Ud, por Casal, por Bermúdez, por Luz y por casi todos los colegiales y catedráticos de su tiempo y por algunos estudiantes  seculares. Me causó admiración que al cabo de 31 años pudiera conservar ideas tan frescas, aun de las cosas más insignificantes. Cuando entré en su cuarto estaba recostado en el sofá sobre tres almohadones y por súplica mía volvió a tomar la misma postura. Díjome que así tenia que estar constantemente; que tenia tres o cuatro enfermedades; que no podía leer ni escribir no solo por sus males sino, porque no veía las letras; y que vivía en aquel cuarto porque se lo había destinado el padre Aubril, sacerdote francés y cura de Parroquia, quien lo tenía recogido y sin cuya bondad habría ya perecido. Cuando me hablaba del colegio y de sus amigos y discípulos, mostraba tal animación que no parecía estar enfermo. Al pintarme su estado había tanta conformidad en su  fisonomía, palabras y ademanes, que cualquiera lo creería un hombre muy dichoso."

 

"Ud. no puede imaginarse las impresiones que yo experimentaba viendo y oyendo a nuestro maestro, ni las alusiones que hacia en mi interior al mundo de los libros y al mundo de los hombres. No me parecía posible que un individuo de tanto saber y de tantas, virtudes estuviera reducido a vivir en país extranjero y a ser alimentado por la piedad de un hombre que también es de otra tierra. ¿No es verdad que es cosa extraña que entre tantos discípulos como ha tenido Varela, entre los cuales hay muchos que son ricos, no haya uno siquiera que le tienda una mano caritativa? Varela no puede vivir mucho tiempo. ¿No podrían sus discípulos, al menos los que tienen fortuna, asignarle una corta mesada, por los meses que le quedan de vida? ¿No podrían siquiera hacerle una corta subscripción? Ay! El alma se parte al ver un santo perecer sin amparo. Nunca he sentido como hoy mi pobreza. El Conde de Santovenia, Don José Fresneda, Don Anastasio Carrillo. Don Marcelino Alio Don Francisco Hevia y otros discípulos y amigos de nuestro padre bien podían hacer un corto sacrificio en su obsequio. !Cual obra más meritoria del aplauso de Dios y de los hombres!"

 

"Varela conserva sus cabellos, su dentadura y sus modales y movimientos cubanos. Su fisonomía no toma la expresión inglesa, sino cuando habla inglés idioma que posee lo mismo que el suyo. Todo el mundo lo celebra y lo ama; más nadie sino el padre Aubril le tiende una mano amiga ¡Cuan incomprensible es este montón de tierra que se llama mundo! Varela moribundo sobre un jergón habla más a mi alma que Sócrates tomando la cicuta o Mario descansando sobre los escombros de Cartago. Cuando existieron Sócrates y Mario reinaba el paganismo y esos hombres debieron su desgracia a la calumnia o a los excesos: más Varela no se encuentra en ese caso. Hoy alumbra al mundo religión santa de Jesucristo, la calumnia ha respetado a Varela y en vez de excesos su vida es una serie de virtudes. Y Varela, sin embargo, Varela es más infeliz que esos desgraciados. ¡Cuanto he lamentado su situación! .Me costó trabajo no prorrumpir en llanto  al verlo y oírlo."

 

"Nosotros como un deber: por el buen nombre, y hasta para librarnos del epíteto de ingratos  estamos obligados a dirigir una mirada piadosa al hombre benéfico que fue nuestro maestro y que tanto nos ama. Ese hombre me dijo entre otros cosas que había tenido el mayor gusto hablando conmigo, porque durante nuestra conversación se había creído en La Habana, de donde hacia mucho años que nadie le escribía y de donde no había recibido ninguna noticia. Me dijo tambien ‘Antes solía  recibir algunos elencos de los exámenes que había en las clases y tenía placer singular en leerlos pero hace muchos años que no tengo ni aun ese gusto.’

 

Pobre Sacerdote! Su vida es padecer y vegetar: Sus palabras son de Paz; de amor; de religión; sus palabras, si se imprimieran ensancharían el campo de la ciencia y de la moral. Su cabeza nada ha perdido, más su talento gigante solo serviría para hacerle  más horrible su situación, si no fueran más gigantes su religión y sus virtudes."

 

"Atrévome, Señor Ruiz, a hacerle a V. dos indicaciones a favor de nuestro amigo y maestro: 1ro  una suscripción entre pocos de sus discípulos para asignarle una mesada o hacerle un presente pecunario; y 2da que ni V ni yo sonemos para nada, sino que el obsequio aparezca coma obra espontánea de los hombres piadosos que socorran al abandonado Padre Varela! Creo muy recomendable esta 2da indicación para evitar que padezca su delicadeza al saber que damos este paso, y para que la espontaneidad del servicio sea a sus ojos más satisfactoria. Puede enseñar esta carta a los discípulos suyos que antes he mencionado. El los recordó con amor y con cariño lo mismo que a otros de sus discípulos y amigos, lo que estoy persuadido que no les será desagradable, pues se que lo estiman y quieren."

 

"Perdóneme V, Padre Ruiz, si me he extendido demasiado en esta carta y sírvame de excusa el interés que me inspira nuestro muy amado maestro. Páselo V. bien y ordene en cuanto crea útil a so apasionado amigo y S.S.Q.B.S.M.

Lorenzo Alio

 

P.D. El 1ro del entrante me vuelvo a Charlestown, donde me ofrezco a las órdenes de V.   Vale."

 

 

Y así librando estas batallas se hizo mártir y leyenda para nuestra historia de América. Sus años en Cuba le dieron la formación y los principios básicos de su vida, pero fueron los años del Exilio los que lo hicieron santo, modelo de fe y dedicación, y fuente de caridad y amor incondicional.

 

IV. Resumen de los Principios y facetas de la Espiritualidad Vareliana.

Mucho más se podría decir de su vida plena e inspiradora, cantera inagotable de enseñanzas. Tal vez el meditar detenidamente en los siguientes 10 temas que el padre Varela ilustró con sus palabras y su vida nos llevará a un conocimiento más profundo del modelo de espiritualidad nos dejó como legado:

Verdad      El Padre Varela tenía la absoluta convicción de que Dios es Amor y Verdad.

Servicio    El respondió al llamado a consolar a sus feligreses, los desvalidos, los pobres, y a los necesitados de todo tipo dondequiera que estuviesen.

Amor        "Dios es amor y el que permanece en el amor, permanece en Dios" 1Jn 4:16 El amor es primario y universal, pues es la naturaleza esencial de Dios, y Varela lo expresó abundantemente en sus sentimientos por los inmigrantes, los niños, las juventudes, y la Patria.

Caridad     Su sensibilidad social y deseo de justicia lo llevó a ayudar siempre a todos los que encontraba en su camino sin distinciones: niños, ancianos, mujeres desvalidas y enfermos necesitados.

Libertad    "Porque el Señor es el Espíritu, y donde esta el Espíritu del Señor hay libertad." 2 Cor 3:17

Dignidad   La dignidad humana, que es inalienable, es una gracia dada a nosotros basada en el haber sido creados a imagen y semejanza de Dios que es nuestro Padre.

Razón       La razón y el juicio son regalos de Dios a los seres humanos que somos libres y nos hacen responsables de nuestras ideas, forma de pensar,  y comportamiento.

Obediencia El amor y la devoción a la Iglesia es legítimo pues ella representa el Cuerpo de Cristo, el Pueblo de Dios, y el Templo del Espíritu Santo.

Educación   La educación es el camino a la Verdad. Discípulo no es solo el que sigue al maestro, sino el que lo conoce y aprende de él.

Vida Plena  Es la que alcanzamos al encontrarnos con Dios en el Sacramento de la Eucaristía y a través de la búsqueda de la Verdad, el Amor compartido y el Servicio dado a nuestro prójimo en cualquier tiem­po y dondequiera que estemos.

 

 

V. Epílogo.

Esta es la realidad del "hombre que nació español, vivió como americano, y murió santo." Sus palabras y los hechos numerosos de su vida pública solo nos dicen lo que hizo, pero no lo que era en su interior: un santo servidor de Dios. Tratar de comprender quien era Varela y dejar a un lado su intensa fe, su temple humano valiente y sereno, su mensaje cristiano de amor, y su dedicación sacerdotal es perder de vista su realidad. Y esto es tan inútil como tratar de entender un paisaje sin color o una flor sin su aroma. Para resumir finalmente y concretar la definición del verdadero carácter y significado del Padre Varela, debemos recordar:

§  Primero, su profunda fe cristiana y su amor por Cuba, la patria querida;

§  Segundo, el hecho de ser--hasta el último momento de su vida--el maestro y gran pastor, entregado a los hombres y mujeres necesitados que consideraba dignos y libres, siempre aconsejándolos y guiándolos.

El Padre Varela se ha convertido en paradigma cívico para todos los americanos del continente y con su vida nos ha dado un prototipo de santidad y vida interior de sacrificio forjada en el crisol del exilio que es ejemplo para todos aquellos que, estando lejos de su patria, añoran su bienestar y un eventual retorno feliz.

Los pueblos se nutren de la memoria de sus profetas y próceres, y la juventud se inspira y estimula con el recuento de los hechos que ellos dejaron en la historia, por tanto, yo por mi parte, en alguna tarde de verano recordando a mi querida patria, me sentaré con mis nietos y les contaré de aquel gran hombre que nos fue dado como guía y ejemplo a los amantes de la libertad y de la dignidad humana.

Mantengamos el recuerdo y la imagen del Padre Varela vivos en nuestro corazón y hagamos de nuestras vidas un espejo de sus enseñanzas. Recemos con y por el Padre Varela, Siervo de Dios, para que su proceso de canonización sea pronto una realidad.

 

Repitamos con él las palabras de su favorito Salmo 138:

"Te doy gracias, Señor, de todo corazón, te cantaré en presencia de los Ángeles, postrado hacia tu Santo templo.

Doy gracias a tu nombre por tu amor y tu fidelidad, pues tu promesa ha superado tu fama. Cuando te invoqué, me escuchaste y fortaleciste mi ánimo.

Que te den gracias, todos los reyes de la tierra al oír las palabras de tu boca; que proclamen las hazañas del Señor, porque la gloria del Señor es grande.

El Señor está arriba, pero se fija en el sencillo, y reconoce desde lejos al soberbio. En medio del peligro, me conservas la vida, despliegas tu poder contra la saña de mis enemigos y me pones a salvo con tu fuerza protectora.

¡El Señor completará lo que hace por mí!

¡Señor, tu amor es eterno, no abandones la obra de tus manos!

AMEN!

 


 

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Updated: February 1, 2010